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"The Opium War. Drugs, dreams and the making of China", de Julia Lovell

Publicado por ÁNGEL LÁZARO en HISTORIA · 25/1/2016 11:18:00


"The Opium War. Drugs, dreams and the making of China", de Julia Lovell
("Ebook" en Amazon, editado por Picador, año 2011)

En la paradójica y controvertida relación entre China y Occidente, hay pocos acontecimientos tan determinantes como la primera guerra del opio (1839-1842). El Kuomintang de Sun Yat Sen y Chiang Kai Shek lo señalaron como el inicio de la "humillación nacional" y el Partido Comunista lo utiliza para afirmar el sentimiento patriótico, recordando que sólo la victoria comunista en 1949 permitió acabar con la dominación imperialista iniciada en 1842 y afirmar la independencia nacional.

Lejos de convertirse en curiosidad histórica, la Guerra del Opio y sus secuelas son hoy el principal fundamento de la "educación patriótica". contenido básico de la asignatura de historia moderna en la enseñanza secundaria de la República Popular China (desde 2006, en sustitución de la formación en marxismo leninismo). Ese mismo año, por ejemplo, el Gobierno había cerrado el semanario "Freezing Point" (Bingdian) por cuestionar la versión escolar oficial sobre los "crímenes imperialistas" en un artículo ("Modernisation and History Textbooks") sobre la "rebelión Bóxer" (1900).

Ciertamente, la guerra del opio fue un episodio más, y, sin duda, uno de los más vergonzosos, en la historia del colonialismo. En su fase expansiva, los británicos, potencia naval y comercial del momento, impusieron por la fuerza la apertura comercial (y, de paso, religiosa) del Imperio chino, gobernado por la dinastía Qing, hasta entonces cerrado en sí mismo de acuerdo con el principio confuciano de sociedad perfecta y autosuficiente.

El indisimulado objetivo de la Royal Navy era legalizar el comercio del opio procedente de la India (colonia británica), hasta entonces materia de contrabando, y reequilibrar así la balanza comercial con China, pagando con la codiciada droga las importaciones de té.

La Corte Qing se encontraba entonces en guerra abierta contra el opio, cuyo uso recreativo (no medicinal), prohibido desde 1729, estaba causando grandes estragos de salud pública, estragos que se multiplicaron tras la apertura comercial de 1842 y la legalización formal y explícita de su comercio mediante la Convención de Beijing (1860), que puso fin a la segunda guerra del opio.

La guerra puso de manifiesto la debilidad militar del imperio Qing, superado por la tecnología occidental e inició un proceso de colonización y concesiones continuas, mediante "tratados desiguales" (impuestos por la fuerza), en beneficio de Gran Bretaña, Francia, Estados Unidos, Alemania, Rusia y Japón que culminó en 1900. Por entonces, casi 80 puertos marítimos y fluviales de China estaban bajo control de potencias extranjeras.


Facsímil (arriba, Museo de Hong Kong, 2015) y cuadro conmemorativo (Wikipedia) del Tratado de Nanjing, con el que finalizó la primera guerra del opio

Julia Lovell, profesora de historia y literatura china en la institución universitaria Birbeck, adscrita a la Universidad de Londres, trata de poner orden entre tanta maraña ideológica desmenuzando con precisión datos procedentes de fuentes chinas y occidentales y, sin esconder las maneras arrogantes y los intereses corporativos de los británicos tras el conflicto (en lugar destacado, Jardine & Matheson), cuestiona la versión oficial china, con sus propias fuentes históricas, haciendo uso de su excelente uso del idioma (es traductora de Lu Xun al inglés, entre otros nuevos novelistas chinos).

En un tono muy didáctico y entretenido, la profesora británica estudia el conflicto desde todas las perspectivas: la realidad del consumo del opio y sus efectos, la crisis financiera provocada por la enorme extensión de las fronteras chinas, el fracaso de los funcionarios imperiales ante la agilidad de los contrabandistas, la ineptitud de las tropas "Qing", desbordadas por la abrumadora superioridad naval y disciplina militar, la complicidad de algunas iglesias evangélicas.....

La escritora también analiza el uso propagandístico del conflicto durante las luchas internas del siglo XX en China.


Consumidores de opio en China, siglo XIX, imágen extraida del libro de Lovell

La versión oficial china es que la "oferta" (droga) creó la "demanda" (consumo), con el perverso objetivo de debilitar financieramente, físicamente y moralmente a la población, y facilitar así la colonización occidental.

Lovell matiza esta visión con las propias fuentes chinas: la "demanda" (el consumo recreativo) estaba ya muy extendida, antes de la guerra, entre todas las clases sociales chinas, incluida la nobleza y la familia imperial) y atrajo la "oferta", mediante el contrabando.

Por otra parte, la escasez de plata, causa de la crisis financiera de la corte imperial, no fue solo resultado de los pagos de droga, sino también de la caída de la producción en México y otros países de Latinoamérica, principales proveedores, y del aumento de los gastos provocados por la enorme extensión que había adquirido el imperio en el siglo XVIII gracias a la gran habilidad de los emperadores "qing" Kangxi, Yongzheng y Qianlong.

El imperio ya estaba en crisis, en fin, porque la rígida interpretación dominante de los clásicos confucianos, anclada en los mitos del pasado, era inútil para afrontar los desafíos técnicos, sociales y políticos de la modernidad.

En cualquier caso, el libro de Lovell, el más completo sobre este episodio histórico fundamental (según la crítica), exhibe la gran virtud de documentar, contextualizar y reflexionar críticamente sobre las convulsas relaciones entre China y Occidente, y los mitos y tergiversaciones que inevitablemente la acompañan.

En este sentido, la autora destaca, por ejemplo que, a pesar de la campaña del Kuomintang contra la "Humillación Nacional", el "Movimiento del 4 de Mayo de 1919", en Beijing (conmemorado por el célebremonumento de la Plaza de Tiananmen), la primera revuelta estudiantil e intelectual del país, reivindicaba para China los valores occidentales: democracia, ciencia, cultura, derechos humanos.


Mansiones de la antigua colonia occidental de la isla de Gulangyu, en Xiamen, Fujian, cedida a Gran Bretaña tras la primera guerra del opio, fotografías tomadas en 2014-2015

En mi caso, visitando del norte al sur de China y documentando las visitas los innumerables barrios coloniales heredados del período de los "tratados desiguales", restaurados y convertidos en atracción turística (algunos, como Gulangyu (Xiamen) en espera de ser declarados Patrimonio de la Unesco como "lugar de encuentro" entre Oriente y Occidente), con sus escuelas, hospitales, bancos e iglesias, he podido ir ilustrando esa paradójica y aún no resuelta relación entre unos y otros.



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